Este lugar debió ser desde tiempos remotos sitio estratégico. En los hallazgos arqueológicos realizadas en las cuevas bajo sus murallas, se han encontrado materiales eneolíticos del III al II milenio. El cerro está lleno de cerámicas del bronce, con necrópolis en las laderas (ibérica y romana). Ipagro debió ser población ibérica, por su cerámica típica coloreada, con círculos concéntricos enteros, de influencia púnica.


Con motivo de la sublevación de Omar ben Hafsun su nombre aparece en la historia con el nombre de Poley en la batalla del mismo nombre.
El castillo de Poley fue considerado por Omar como el punto estratégico más importante de su línea fronteriza llegando a instalar allí la plaza de armas y reforzando las defensas. El 16 de abril del año 891 Omar fue derrotado, entrando Abd Allah en el castillo, sin llegar a combatirlo en la batalla de Poley.
Este castillo formó parte de la cora de Cabra, formando ésta parte del reino de Granada al caer el califato. Posteriormente pasó a poder de los almorávides y de los almohades, perdiendo finalmente su cabeza militar con la caída de Córdoba en 1236 y en 1238 su cabeza política con la muerte de Ibn Hud.
Se reparan puertas y fortificaciones del castillo y de la villa tras la conquista por el rey Fernando. En 1352, don Alonso Fernández Coronel, que se subleva contra el rey, es atacado en el castillo por tropas reales. Se minaron las murallas y se derrumbaron parte de estas que en seguida se volvieron a levantar.
El rey Pedro I devolvió por segunda vez la villa a la Corona y ordenó que se borrasen todas las señales de águilas que se habían puesto de los anteriores señores, cambiándole el nombre a la villa por el de Monterreal, mandando reparar el castillo por ser este fronterizo.
Al s. XV pertenece la base del actual campanario de la parroquia y el trozo de muro contiguo. El castillo era de planta rectangular, con los lados mayores de N. a S. El muro arrancaba de la torre S.O., de sección circular, continuaba por una torre intermedia y terminaba en la torre cuadrada de la esquina S.E. En los muros había garitas salientes, sostenidos en remates. Los demás lados exteriores del castillo guardaban la misma proporción, alternando los torreones o cubos en los ángulos con las garitas intermedias, rodeado por foso y barbacana en el lado meridional. Una torre albarrana de tres plantas -llamada de la Cadena por tener una cadena esculpida en piedra que la ceñida alrededor a un tercio de altura- tuvo su entrada por el muro meridional, estaba coronada de almenas penetrada de aspilleras y rodeada de un foso al que llamaban la cárcava.


La puerta del castillo estaba situada al E., próxima a la torre cuadrada. Pasado el soportal abovedado, partía una escalera de acceso a la planta alta y zona residencial, donde estaba el salón del homenaje, de ocho metros de ancho por veintiuno de largo, situado en la misma torre cuadrada y extendiéndose hacia el E. Tenía tres ventanas, una sobre la puerta, otra sobre el patio y otra en la misma torre. En este salón se conservaron hasta mediados del s. XVIII varías armas antiguas. Todavía en 1842, podían verse, los estribos de la bóveda que la cubría y los arranques de sus nervaduras. Hacia el sur corría una galería destinada sin duda en su parte baja a alojamientos de su guarnición, y en el piso superior a los dueños y servidumbre. El patio de armas, en la zona septentrional, 31 metros por 24 ms., tenía en su centro dos aljibes de 7 por 4. También tenía dependencias subterráneas, como una cocina al N. que enlazaba con la Sala Honda, ocupadas ambas por la guarnición

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