Sobre la noble casa de los marqueses de Sessa, del siglo XV, se levantó, doscientos años después, este convento de las madres Capuchinas. El edificio conserva, en el claustro, una imponente portada mudéjar y capiteles de origen romano, visigodo e islámico. También mudéjares son el artesonado y las yeserías del refectorio. Los escudos de la familia que cedió el palacio siguen luciendo en techos y muros. La igle- sia conventual, dedicada al culto de San Rafael, es del siglo XVIII, de una sola nave cerrada con bóveda de cañón.

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