Con la llegada del mes de mayo se celebra la primera romería de la ciudad:  la de Santo Domingo de Scala Coeli celebrándose a finales de abril, en honor a San Álvaro, patrono de las Hermandades y Cofradías de la Semana Santa.

Desde primeras horas de la mañana, los cohetes anuncian el paso de los romeros y, cuando la torre de la Catedral cordobesa repica las diez campanadas, toman el “caminito de Santo Domingo” –que reza la copla de Ramón Medina que el pueblo ha hecho suya-, siguiendo el itinerario de los jardines de la Victoria a la Plaza de Colón y desde el Pretorio al Brillante, hasta adentrarse en la sierra cordobesa. A su paso la ciudad se llena de cantes populares, música y palmas, convirtiéndose en el escenario perfecto desde donde poder contemplar el transcurrir de las carrozas.

La carrozas están hechas de papel, cartón las cuales  reproducen  monumentos emblemáticos de la ciudad....

Entre la belleza de las carrozas, las mujeres y los jóvenes romeros lucen los vivos colores del faralaes y el traje campero, acompañados por los jinetes con los caballos de gran belleza y de raza árabe de Córdoba. 

El camino tiene diez kilómetros de recorrido, hasta la antigua torre Berlanga, donde se alzó este santuario regentado por dominicos.

Pero fue mucho antes, en el 1400, cuando fueron testigos de una hermosa leyenda que Sánchez de Feria dejó reflejada en sus textos y el pueblo guardaba en su memoria. Comienza cuando en 1423 el religioso (y a la postre santo) Álvaro de Córdoba decide retirarse a un lugar recatado de la sierra, después de haber realizado labores de apostolado en Tierra Santa. Así se alza el monasterio de Santo Domingo de Scala Coeli, que era conocido ya como lugar de peregrinación. Profundamente  identificado el fraile con el símbolo de la cruz, a través de la cual tuvo algunas experiencias místicas, colocó gran número de ellas en los caminos del santurario.

Cuenta la leyenda que por uno de esos caminos bajaba el santo con frecuencia hasta Córdoba para pedir limosna del sustento de su comunidad. Un mañana encontró a un pobre semidesnudo, plagado de llagas, de aspecto tan débil y enfermizo que la muerte casi asomaba a su rostro. Álvaro lo envolvió piadosamente en su capa y lo cargó sobre sus hombros. Llegados ambos al santuario, depositó al enfermo en la entrada y fue a buscar a sus hermanos. Al regreso, cuando descubrió el cuerpo tras la capa, hallaron una bellísima talla de Cristo Crucificado. Es el Cristo de San Álvaro, a quien se le rinde culto en los tres últimos domingos de Cuaresma, siendo el penúltimo de estos días de la romería.

Una vez alcanzado el santuario, la ofrenda floral, una misa concelebrada y una corta procesión del Santo por los alrededores son el preámbulo de un día de fiesta en el que la explanada de Santo Domingo se convierte en una feria de encuentros y convivencia, para los más de cinco mil cordobeses y forasteros que allí suelen concentrarse.

Hasta la puesta de sol, todo será un constante compartir los bailes, los cantes, los vinos de la tierra, el típico perol cordobés, los huevos duros y las habas guisadas que, de acuerdo con la tradición, toman todos los romeros.

 

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Dirección: Carretera de Santo Domingo s/n