Situado en plena serranía cordobesa, su construcción se remonta a la época de la reconquista. La tradición popular afirma que el rey Fernando III el Santo fundó la ermita adosada a una atalaya árabe existente en este lugar. El sencillo exterior da paso a un templo de una nave con crucero, situándose en el presbiterio un templete con la imagen titular, obra de 1600. De los lienzos que decoran el santuario destaca el de la Capitulación de Córdoba ante San Fernando, del 1800. A éste acompañan otros de gran calidad realizados por Zambrano, Antonio del Castillo y Juan de Alfaro. Ambos extremos del crucero se decoran con retablos que cabalgan estéticamente entre los siglos XVI y XVII.

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